Círculo de la violencia: entre agresiones y perdones

//Por: Alba Valdez//

La relación de Nancy le parecía normal. Tenía discusiones con Francisco, pero siempre terminaban en disculpas, flores o sexo. 

Excepto la última vez, cuando él la llevó inconsciente al hospital después de que la golpeó contra el piso en repetidas ocasiones cuando se negó a tener relaciones.

Ese día Nancy perdió a su bebé, pero también perdió el miedo a denunciar y salir de ese círculo de violencia que había vivido durante tres años. Ella a diferencia de otras mujeres que no encuentran salida y terminan con el peor de los finales: asesinadas, logró escapar.

“Ese día fue para mí como si me hubieran despertado con agua fría. Recuerdo que él me pateaba, me decía que el bebé no era suyo, yo solo me hacia bolita (…) él creyó que me iba a quedar como siempre, que eso iba a pasar, recuerdo que al otro día llegó con flores al hospital, como si no hubiera pasado nada”, cuenta Nancy.

La violencia contra las mujeres se manifiesta a nivel físico, sexual, emocional y económico. Las formas de violencia más comunes incluyen la violencia doméstica y violencia dentro de la pareja, violencia sexual (incluyendo la violación), acoso sexual y violencia emocional, según la Comisión Nacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM).

Difícil salir de allí

Esa dependencia señala que, en todos estos casos, la violencia contra las mujeres tiende a presentarse de forma cíclica, intercalando periodos de calma y afecto hasta situaciones que puedan poner en peligro la vida. 

Esos periodos de calma y afecto, generan un vínculo de dependencia emocional y posesión difícil de romper.

En Veracruz, el 42.2 por ciento de las mujeres ha sufrido violencia a lo largo de su relación actual o última, de acuerdo con la encuesta de ENDIREH del INEGI presentada en 2017. Entre ellas se encuentra Nancy.

“Yo me sentía culpable y mala por abandonarlo, entonces creí que viviendo juntos podríamos mejorar nuestra relación y apoyarnos”

Nancy, sobrevivente de violencia

Nancy conoció a Francisco por amigos en común, ella acababa de llegar a estudiar la universidad al puerto de Veracruz. Su círculo social eran sus compañeras de clases y él, pero al par de meses de que formalizaron su relación él le pidió que se alejara de sus amistades porque consideraba que la distraían y le robaban tiempo.

El ciclo de la violencia regularmente inicia con violencia emocional, según la ENDIREH el 40.1 por ciento de las mujeres,  entre ellas Nancy, fueron agredidas con comentarios que lograron crearles dependencias emocionales hacia sus agresores.

Al año de relación se fueron a vivir juntos y ya habían tenido episodios de celos y discusiones fuertes, pero nunca golpes. 

“Esa vez peleamos, a él lo votaron de la carrera y quería que yo la dejara, yo me negué, me dijo muchas cosas que me hirieron y yo le dije que ahí quedaba todo, pero me sentí mal por él, estaba perdiendo todo y de cierta manera yo me sentía culpable y mala por abandonarlo, entonces creí que viviendo juntos podríamos mejorar nuestra relación y apoyarnos”, recuerda.

La agresión física y sexual recrudeció cuando Nancy dejó la Universidad y su familia le quitó todo tipo de apoyo al enterarse que vivía con él.

Tensión- agresión- luna de miel 

El ciclo de la violencia tiene tres fases, Leonore Walker, quien describió en 1979 el círculo de la violencia, trabajó en un refugio para mujeres maltratadas y observó que muchas mujeres describían patrones similares en el proceso de maltrato y que éste tenía una forma cíclica.

Walker lo dividió en tres fases; la de tensión que se caracteriza por el aumento de conflictos y actos violentos. El agresor demuestra su violencia de forma verbal y, en algunas ocasiones físicas, con cambios repentinos de ánimo, que la mujer no acierta a comprender y que suele justificar.

La segunda fase es la de agresión, es cuando estalla la violencia, ya sea física, psicológica o sexual. Se producen estados de ansiedad y temor en la mujer, temores fundados que pueden conducirla a consultar a alguna amiga o familiar, a pedir ayuda o a tomar la decisión de denunciar a su agresor.

La última es la de conciliación, después de los episodios violentos, el agresor suele pedir perdón, mostrarse amable y cariñoso, y promete que no volverá a repetirse, promete que la quiere con locura y que no sabe cómo ha sucedido.

“La culpa es tuya”

“Uno lo ve ya ahora, desde el momento en el que llegaba enojado y se desquitaba conmigo. Yo sentía que nada hacía bien, que yo tenía la culpa”

Nancy, sobreviviente de violencia

Incluso se dan casos en los que puede llegar a hacer creer a la víctima que esa fase de violencia se ha dado como consecuencia de una actitud de ella, que ella la ha provocado.

Con estas manipulaciones el agresor conseguirá hacer creer a su pareja que “no ha sido para tanto”, que “sólo ha sido una pelea de nada”, verá la parte cariñosa de él. La mujer suele confiar en estas palabras y en estas “muestras de amor”, creyendo que podrá ayudarle a cambiar.

Al ahora identificarlo, Nancy recuerda cada una de estas etapas en su relación, recuerda como se repitieron sin que pudiera percatarse de todo lo que en realidad estaba viviendo.

“Uno lo ve ya ahora, desde el momento en el que llegaba enojado y se desquitaba conmigo. Yo sentía que nada hacía bien, que yo tenía la culpa, la primera vez que me pegó le comenté a una amiga y me dijo que lo dejara, apenas nos habíamos ido a vivir juntos, pero justo cuando lo iba a hacer él llegó a pedir perdón y no me fui”, narra.

En Mexico, según la ENDIREH el 78.6 por ciento de las mujeres que son violentadas por sus parejas no piden ayuda y no presentan denuncia ante las autoridades, porque la mayoría (28.8 por ciento) no lo considera importante. Nancy siempre creyó que él iba a cambiar y que solo era un mal momento.

El día que Nancy se dio cuenta de que su vida dependía del estado de ánimo de su pareja y despertó en una cama de hospital con su agresor al lado pidiéndole perdón, optó por huir. Presentó una denuncia por todas las agresiones que sufrió, pero su agresor no ha tenido castigo.

A mi me da mucho miedo cuando las leo diciendo que aman su relación tóxica, esa palabra se puso de moda, pero es muy real, me da miedo de que no se den cuenta que lo que están viviendo no es amor, sino violencia, una violencia que se repetirá siempre y que un día hasta ese hombre las puede matar”, cuenta

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