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Alumnas de la UV denuncian hostigamiento

//Por: Alba Valdez//

Integrantes de la Red de Apoyo de Mujeres de la UV (RAMUV) denunciaron hostigamiento por parte de las autoridades educativas de la Facultad de Derecho (Xalapa) de la Universidad Veracruzana, luego de realizar actividades en las que exponían a personal académico de acciones misóginas y acoso contra sus alumnas.

La red de apoyo fue creada este año para ayudar a mujeres pertenecientes a la comunidad universitaria que sufren algún tipo de discriminación de género, acoso o violencia ante la falta de apoyo por parte de la Unidad de Género de esta institución pública superior, y han desarrollado varias actividades en diferentes facultades.

Mediante un comunicado la RAMUV denunció qué el 23 de octubre llevaron a la Facultad de Derecho “La caravana contra el acoso escolar y el hostigamiento sexual” donde de manera simbólica realizaron un tendedero en el que las alumnas escribían de manera anónima los nombres del personal académico que tenía actitudes misóginas contra ellas, después de esto las integrantes de esta Red fueron hostigadas por el personal académico.

Ante esto la Red de Mujeres Feministas de Veracruz (REDMUFEVER) externó su apoyo a las denuncias de las alumnas, pues indicaron que en su experiencia apoyando a mujeres de manera jurídica conocen la situación de acoso y hostigamiento sexual que hay al interior de la Universidad Veracruzana.

Expresaron que ellas han presenciado las respuestas oficiales y la nula atención a las denuncias desempeñadas por parte de las víctimas, además de que los acosadores o agresores permanecen en sus lugares de trabajo pues son protegidos por sus sindicatos.

Y que de parte de la Unidad de Género de la Universidad Veracruzana hacen caso omiso a sus responsabilidades desatendiendo las víctimas e incluso negándose recibir las denuncias por cuestiones administrativas, negando la problemática que existe dentro de la universidad.

Por su parte, la RAMUV indicó que continuarán sus actividades dentro de la Universidad Veracruzana, ayudando a las mujeres a denunciar a sus agresores, dándoles asesoría jurídica y acompañamiento.

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Un reencuentro inesperado 

//Por: Ana Alicia Osorio//

Un grito estruendoso se escucha en el hotel donde la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos dormirá en Villahermosa. Todas corren a ver qué es lo que sucede. Se oye mucho ruido y llanto. 

Las personas corren de un lado a otro, muchas se preocupan. Algunas dan gracias a Dios. Se escucha un rumor, a una de las integrantes de la caravana le acaba de hablar su hermana, a quien buscaba desde hace 10 años. 

De pronto todas piden silencio. Las personas que coordinan la caravana entran al cuarto donde ella está y pasan unos minutos. 

Cuando sale su cara de felicidad brilla a la distancia. El milagro se hizo realidad: su hermana vio que la buscaban y logró comunicarse a Honduras, de donde ambas son, hasta que alguien le dio el número de ella que recorre México. 

“Negra” fue la palabra que escuchó del otro lado del teléfono que le hizo convencerse que no era una broma, solo su hermana le dice así, solo ellas lo saben. 

Todas lloran. Unas de felicidad al darse cuenta que la caravana, el recorrido tan largo que han hecho, da resultados; otras porque esperan algún día estar en ese lugar y que sus hijos, hermanos, seres queridos, les llamen desde el lugar donde se encuentren. 

Ella toma la voz y explica la situación; no es sencilla, su hermana tiene un problema de seguridad y por eso ninguno de los dos nombres pueden mencionarse, los medios de comunicación no pueden estar presentes el reencuentro, las preguntas deben ser pocas. Pero eso no opaca la realidad: la encontró. 

Algunos kilómetros atrás a ella le habían rodado las lágrimas cuando salió del penal en Chiapas, pues aunque sabía que encontrar a su hermana no sería fácil era el primer lugar en donde buscaba, en su primera caravana a México. 

Pasaron unas horas que para ella fueron eternas. Muchas llamadas por teléfono. 

En la mañana, la hermana, esa mujer a quien tanto extrañaron y que no podía comunicarse con ellos, llegó hasta el hotel donde toda la Caravana se hospedaba. Toda la noche viajó hasta el lugar donde sabía estaba su hermana y el abrazo se concretó. 

Al otro lado del teléfono los hijos pudieron volver a hablar con su mamá desaparecida en su paso por México. Ambos ya adolescentes y de quien su tía se hizo cargo de llevar a la escuela, dar de comer, cuidar, convirtiéndose en su mamá interina. 

Por ellos fue que ella decidió unirse a la caravana. 

“Les prometí que les daría noticias de su mamá”, contaba una y otra vez. Lo logró. No solo son noticias, ellos pudieron verla a través del teléfono y decir todas esas palabras de cariño que tuvieron guardadas tanto tiempo. 

El reencuentro dura poco, solo un día. Ella debe volver al lugar donde vive en México, pero ya con la posibilidad de comunicarse con su familia: los números de teléfono, el WhatsApp por el que llamarán todo el tiempo. 

Ella, en cambio, sigue el recorrido por México, muestra fotos pero ya no la de su hermana, ayuda a las demás. 

Para todas, el reencuentro es una batería adicional que ayuda al alma y que da fe en que algún día lograrán ver a sus seres queridos, sin importar que sea en otro viaje que deban hacer el siguiente año, o el siguiente. 

Del dolor a la lucha

//Por: Ana Alicia Osorio//

Su paso es lento pero decidido. Su voz es tenue pero certera. En la búsqueda ha encontrado fortaleza, conocimientos y la forma de hacer escuchar las exigencias que por años guardó en su corazón. 

María Hernández Torres tiene 21 años y se dedica al trabajo doméstico tanto ajeno como en su propia casa, por lo que todos los días a las 5:30 de la mañana debe estar en la vivienda donde trabaja para sus labores y al terminar trasladarse a la suya para atender a sus dos hijos, aunque en unos cuantos meses serán tres. 

Cuando su hermano Juan Hernández Torres le dijo que se iba a Estados Unidos ella tenía apenas 10 años, la esperanza de todos es que con el dinero que él lograra María y sus hermanas estudiarían.

Pero ella y su familia en la frontera de Guatemala con México, se quedaron esperando volver a saber del hermano mayor, el sustento de la familia, quien se convirtió en uno más de los desaparecidos al momento de migrar. 

María solo tuvo recursos para estudiar hasta tercero de primaria, pero fue suficiente para aprender el español que ahora combina con su lengua chuj y los escasos conocimientos de otras lenguas indígenas que habla su mamá.

Ella, desde que su hermano desapareció sabía que tenía que comenzar a buscar, pero desconocía la forma en que podía hacerle. Por eso hace siete meses cuando les contaron de una organización que les podía ayudar no dudó. 

“Desde que era una niña tuve la decisión de que algún día podía ir a buscar a mi hermano y darle la felicidad a mi mamá porque ella se siente triste (…) mi papá participó una vez y como no podía seguir él se quería salir y yo le dije ‘si no puedes, yo puedo’”, contó. 

El Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP) la involucró con la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos y ahora María recorre México, grita, alza la voz. 

Desaparecidos

María Hernández Torres ayuda a los migrantes, traduciendo de chuj a español

En los siete meses que se ha involucrado en el activismo ha conocido del tema de la migración y ahora busca seguirse preparando para intentar hacer un cambio en la materia, sin perder su objetivo inicial: encontrar a su hermano y al resto de las personas desaparecidas.

“Cuando estoy en mi casa estoy viendo a mi familia, a mi mamá llorando y mis hermanas tristes, me hace sentir demasiado triste pero cuando salgo, en las reuniones que yo hago ahí se ríen, se divierten, aprender muchas cosas me ha hecho sentir bien”, narró.

María se siente cómoda usando sus idiomas para comunicarse con las personas de su región que va encontrando en el camino, preguntarles por su vida y sus necesidades, pedirles ayuda en la búsqueda. Pero también lo hace frente a las cámaras de medios de comunicación internacionales para denunciar las injusticias que se viven en su país de origen y en México. 

Ahora forma parte de una red internacional de mujeres que buscan migrantes desaparecidos, que agrupa personas de diversas parte del mundo. Sus conocimientos podrán ser compartidos con personas de Senegal o Túnez, por ejemplo, y ella aprenderá de las demás. 

Su historia es muy similar a otras mujeres que conforman la Caravana y que se han empoderado para hacer la búsqueda, que continuamente deberían hacer las autoridades. 

Marcela Melchor Ramos, es otra de las buscadoras. En su lucha por encontrar a su hermana Isabel, desaparecidas hace 10 años, ha convertido el dolor en el trabajo organizado entre mujeres que siempre ha perseguido.

buscadora

Marcela Melchor Ramos aprovecha la búsqueda para organizarse con otras mujeres

Ella también es de Guatemala, de San Pablo perteneciente al municipio de Ixcán; habla achí pero aprendió español para comunicarse con su ahora esposo. 

Durante años trabajó con organizaciones de mujeres como la de víctimas de los ochentas en su tierra natal o el mercado de comida que ahora dirige y que dejó un par de semanas para poder viajar a México. 

Hace seis años era líder de su pueblo (alcaldesa le llaman, aunque depende del alcalde del municipio) por lo que la historia de su hermana era conocida por muchas personas y alguien la invitó a unirse a los grupos de búsqueda. 

“Nos abrieron las puertas y seguimos metiéndonos y metiéndonos (…) ahorita que estamos reunidas como madres nos sentimos unidas, siento que me están levantando el ánimo de salir adelante y nos sentimos felices pero hay momentos donde nos tocan el corazón”, afirmó. 

La otra cara de la búsqueda

//Por: Ana Alicia Osorio// 

Una cumbia suena y uno de los reporteros que acompaña la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos no duda en sacar a una de las integrantes a bailar. 

Pronto muchas lucen sus pasos a medio salón, tanto que las mesas donde les dieron de cenar las voluntarias religiosas de Atitaquila en Hidalgo, deben moverse para hacer espacio.

Los aplausos y el “eh – eh-eh” pasan de la cumbia, a la víbora de la mar, al no rompas más que solo saben bailar las y los mexicanos. Ellas bailan, muchas con las fotos de sus seres queridos colgadas en el pecho, muy cerquita de su corazón. 

A algunas se les olvidan los golpes que traen en las rodillas producto del viaje, o las ampollas que se les reventaron en las manos por cargar maletas entre hoteles y albergues. 

Por unos minutos logran distraerse del dolor físico y emocional que sienten, del cansancio de la semana de viaje. Pero la felicidad es efímera y cuando se despiden del sacerdote para irse a dormir al refugio, éste les cuenta de un hondureño que no se ha comunicado con su familia y se niega a hacerlo. 

Así es siempre. Los minutos de aparente felicidad en el camión en que viajan las 30 mujeres son interrumpidos por una voz que les cuenta el avance de la Caravana Migrante, un muerto más intentando llegar a México, la necesidad de bajarse a alzar la voz; pero ellas saben que para eso cruzan el país: para buscar. 

Para ellas el llanto de contar las historias de su ser querido, se entrecruza con la risa al narrar como alguna se quedó encerrada en el baño del hotel en Frontera Comalapa. 

La rabia y el dolor que les produce saber de cómo se atiende a las personas que buscan entrar a México, se entrecruza con la felicidad y esperanza que les da saber que alguna de ellas ya encontró a su familiar. 

El cansancio y el dolor físico del viaje, lo hace con las risas que provocan las palabras regionales de cada país. 

Así pasan las horas, los días, los kilómetros, mientras en cada lugar que llegan muestran las imágenes de sus seres queridos y de cientos más cuya familia no pudo viajar, esperando obtener una pista que los lleve a algún día no tener que viajar buscando.

Violencia de género separó a nicaragüense de su familia

//Por: Alicia Osorio//

La Concordia, Chiapas.- Huir de la violencia que ejercía su pareja, le costó a Martha perder contacto durante varios años con su familia. 

Ella es originaria de Nicaragua, de donde salió hace 12 años como ahora lo hizo la Caravana Migrante de hondureños. Se estableció en Guatemala y mantenía contacto por teléfono con Juliana, su mamá. 

Allí se casó y tuvo una pareja, de quien recibía maltratos y golpes, por eso cuando una conocida le dijo de migrar hacia México decidió emprender el viaje y huir de la violencia familiar.

“Vivía en Guatemala, tenía mi marido en Guatemala y ella lo sabía muy bien, pero el hombre me daba maltrato después que vino de los Estados (Unidos) y yo me vine con otra amiga que nos dijeron que nos fuéramos para adelante”, contó. 

En el viaje Martha Munguía lo perdió todo. No tenía ningún número de teléfono a donde llamarle de nuevo a su mamá y no podía volver a su tierra. 

“No tenía número de mi mamá, tenía tiempo de no verla pero en Jaltenango me encontré con él, con Rubén (Figueroa, integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano), le comenté y me hicieron el favor”, indicó. 

Su sueño era llegar a Estados Unidos, pero pronto se dio cuenta que el viaje implicaba muchos riesgos pues como migrante estaba a expensas de los retenes migratorios de las autoridades y de las actividades delictivas del crimen organizado. Se estableció en La Concordia, un poblado de Chiapas donde rehizo su vida.

El tiempo para Juliana Medina, en Nicaragua, tampoco fue fácil. Sin lugar a donde acudir a buscar, solo preguntaba a quien creía le pudieran pistas, sin éxito alguno.

Un buen día, el Movimiento Migrante Mesoamericano llegó a su casa, la que Martha les había dicho donde estaba, y le preguntó si tenía una hija desaparecida.

“Le preguntaba a muchas personas si alguien la conocía pero nunca me daban razones de ella, hasta que llegaron los del movimiento”, indicó. 

Entonces sucedió el milagro. Ella viajó a México con la Caravana de Madres Migrantes que buscan a sus familiares desaparecidos en la ruta migratoria. 

Un humilde casa blanca recibió a Juliana, donde la esperaba su hija y llegó el abrazo prolongado por tantos años. 

Centroamericanas llegan a México a buscar a sus seres queridos

//Por: Ana Alicia Osorio//

En el territorio mexicano, ese al que miles de centroamericanos intentan entrar, hay miles de personas (70 mil según el Movimiento Migrante Mesoamericano) de Honduras, Guatemala y El Salvador que desaparecieron cuando intentaban atravesarlo.

A ellas las busca su familia para quienes Mexico es sinónimo de peligro. Por eso hoy llegó una segunda caravana: la caravana de madres migrantes.

La nueva caravana son cerca de 30 personas, en su mayoría mujeres, que cruzarán por Talismán y recorrerán la ruta migratoria en estados como Chiapas, Tabasco y Veracruz, donde harán mítines y labores de búsqueda. 

Esta nueva caravana es independiente de la Caravana Migrante, conformada por 7 mil hondureños y hondureñas, para quienes México se ha convertido en su esperanza de llegar al país del norte. 

Esta caravana de mujeres buscadoras será cubierta por Testigo Púrpura, exclusivamente en el @testigopurpura 

¿Por qué las mujeres se unieron a la #CaravanaMigrante?

//Por:Testigo Púrpura//

Sayra ha viajado casi 800 kilómetros a pie; salió de Honduras con su hija en brazos y se unió a la Caravana Migrante. Sayra huye de la pobreza.
Es parte del éxodo centroamericano más grande que se haya visto en los últimos años y que ha enfrentado gases lacrimógenos, contingencias climáticas y xenofobia.
Según cuenta antes de salir de su hogar intentó en muchas ocasiones conseguir trabajo, sin embargo en su país natal el índice de desempleo es sumamente alto, y ser contratado es muy difícil, más aun si eres mujer.
Ella, al igual que muchas otras mujeres hondureñas, no cuenta con estudios que la respalden, provienen de pueblos en los que no se acostumbra que las niñas estudien hasta un nivel avanzado.
“Para nosotras las mujeres no hay empleo, todos los empleos que hay ahora tienen que ser para las mujeres que ya se han graduado, que tienen una licenciatura, para las mujeres que no han estudiado no hay empleo”, recuerda.
Así como Sayra, Evelyn también huye de su país en búsqueda de una mejor vida, allá los hombres ganan un mejor salario que las mujeres, lo cual las condena a una pobreza aún más cruda que la del sexo masculino.
Según cuentan, los únicos empleos para mujeres son de recamarera, mesera o alguna otra área de servicio en donde la paga es poca y el trabajo mucho.
Unas más salen de sus hogares, los abandonan, para no morir o ser o obligadas a mantener alguna “relación sentimental” con algún miembro de las pandillas.
De acuerdo al vocero del Movimiento Migrante Mesoamericano, Rubén Figueroa, es cada vez mayor el número de mujeres que salen rumbo a Estados Unidos, principalmente debido a la inseguridad que existe en sus pueblos.
Es por eso que ellas, Sayra y Evelyn, además de otras mujeres se unieron a la #CaravanaMigrante, algunas con sus esposos, otras como madres solteras o jóvenes en busca de un sueño. Todas caminando paso a paso sin permitir que las detengan.

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