Columna x2

Sobre violencia feminicida  

A finales de 2019 en Xalapa, en un café, cuatro mujeres decidimos hacer la Colectiva de Sobrevivientes de Feminicidio. 

Colectiva, en femenino, porque el lenguaje importa y es muy vital nombrarnos como lo que somos: mujeres organizadas. También la palabra víctima la omitimos, aunque es el término que se usa legalmente en los procesos, en las carpetas, en los juzgados y audiencias, nos es importante descolocarnos de esa palabra, que no abarca todo lo que implica seguir con vida después de una violencia mortal. Así que instaurarnos como las sobrevivientes era mucho más potente y revelador, seguimos aquí, pese a todas las ineficiencias del sistema patriarcal, el machismo y el nulo acceso a la justicia y los inexistentes: reparación del daño y garantía de no repetición. Y para que quedará muy claro cuál era el tema a poner en la mesa, debía llevar la contundente palabra feminicidio. Porque sí, hay muchos tipos y modalidades de violencia, pero es la violencia feminicida a la que estas mujeres vamos a hacer frente. 

Lo repito, Colectiva de Sobrevivientes de Feminicidio, no colectivo, no feminicidios. El nombre es solo uno. 

Así nos nombramos y bajo estos ejes nos hemos movido como hemos podido, pues es una organización de ciudadanas, independientes, sin auspicio alguno, vulneradas por muchas otras violencias, entre ellas la institucional, que, con escasos recursos propios, hacemos trabajo en dos vertientes, el acompañamiento emocional a otras mujeres sobrevivientes de feminicidio y el acompañamiento en los procesos de acceso a la justicia, los cuales son equiparables a la tortura: tratos crueles, denigrantes e inhumanos. 

Nos hemos acuerpado desde el amor y la empatía, desde una ética feminista (aunque varias de nuestras compañeras no se nombraban así antes de sus incidentes) y desde un caminar por y para todas las mujeres. Claro que queremos crear políticas públicas e incidencia social realmente palpable, estar allí en la trasformación real de este sistema. La realidad es que la mayoría de nosotras apenas podemos hacernos cargo de nosotras mismas, y la violencia económica nos cala los huesos con vehemencia, y nuestra salud mental es un pozo profundo lleno de tristeza y coraje por no tener el piso para sanar, ni las heridas físicas, ni las emocionales. 

Dentro de las victorias que deseamos alcanzar, es que el dicho de una sobreviviente no sea desestimado, y mucho menos encarpetado en violencia doméstica, heridas graves, o simplemente en acoso. Deseamos que una mujer no tenga que estar desangrándose para que se crea que ha sobrevivido al intento de quitarle la vida de su agresor, existen formas que en apariencia no dejan huella (o marca de 15 días), asfixia, una de ellas, e incluso un balazo que falló por poco. El intento de matarla es latente y manifiesto. 

Otra de las cosas que nos urge es que los agresores no lleven fuera de la cárcel sus procesos, porque simplemente no es vida, saber que tu violentador está libre y resentido, y estos procesos llegan a tardar años, incluso que se le impute el delito, puede tardar casi dos años, antes de que empiece el juicio. 

Durante la pandemia a muchos agresores detenidos en flagrancia no se les pudo imputar en dos años y han salido libres, todo por que no hay debida diligencia. 

Son muchas las faltas y omisiones en México, que hay que escribirlo, es un país feminicida. 

Ayer, 26 de abril de 2022 la cámara de diputados en su mayoría votó a favor (los de movimiento ciudadano se abstuvieron) de una serie de reformas que, entre varias cosas, ponen en el centro el dicho de las sobrevivientes, y la tentativa de feminicidio es ya un tema. 

Para explicarlo en términos mundanos, cuando tu intención es robar un banco, y justo cuando lo estás robando algo externo lo impide, es una tentativa de robo. 

Todo crimen no consumado es una tentativa de éste. Es decir, es clarísimo que esa era la intención. 

En México todo delito tenía tentativa, menos el feminicidio… 

Ahora ya no más.

Las mujeres si estamos cambiando al mundo. 

Ayer varias compañeras de la Colectiva de Sobrevivientes de Feminicidio estuvieron en el Congreso de la Unión, observando el proceso. Allí hemos estado, alzando la voz para que se nos escuche, porque nadie conoce mejor las deficiencias del sistema que las que lo hemos caminado. No sin nosotras, es un decir muy potente, no sin nosotras foros sobre nosotras, no sin nosotras paneles sobre la violencia feminicida, no sin nosotras tesis que hablen de nosotras sin escucharnos, no sin nosotras políticas públicas que no analizan ni nuestra realidad ni las estadísticas (que de paso hay que decir que no existen). 

Las sobrevivientes también contamos y vivimos para contarlo. 

Ana Valderrama

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