Más allá del ‘elle’: el respeto hacia identidades no binarias

Por Amarantha Chávez

La lucha por el respeto hacia los pronombres no ha sido un camino fácil de marcar por parte de la comunidad LGBTQIA+. 

La burla y poca sensibilidad sobre estos temas que nunca habían sido puestos sobre la mesa, constituyen parte importante de la cerrazón de una sociedad que fue formada desde la heterónoma y que ahora se rehúsa a salir de ella.

Recientemente, Andra, estudiante del Tecnológico de Monterrey, se volvió viral tras exigir el respeto de sus pronombres en una clase en línea a través de Zoom.

 “Soy tu compañere”, manifestó entre sollozos a mitad de una exposición, pues el compañero al frente de la clase se refirió a Andra como “compañera”.

Andra se identifica como persona no binaria. En la captura de video, se puede observar que al lado de su nombre existen entre paréntesis los pronombres “él/elle”. 

Aún así, el respeto a su identidad quedó en segundo plano, y Andra se convirtió, una vez más, según señala en su cuenta de TikTok, en víctima de la invisibilización o “misgendering”, que se refiere a la asignación de un género con el que no se identifica una persona.

El video despertó inquietudes y abrió la discusión sobre el uso del lenguaje inclusivo, que de acuerdo con las Naciones Unidas, “se entiende como la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género”.

Indica además que el correcto uso de este lenguaje promueve la igualdad de género y combate los prejuicios establecidos desde tiempos remotos.

 ¿Qué significa ser una persona “no binaria”?

Ser no binario va más allá de la expresión de un género en específico. En realidad, las personas no binarias no se identifican con ninguno de ellos concretamente.

De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las personas no binarias son aquellas que no se identifican única o completamente como mujeres o como hombres. Es decir, que trascienden o no están incluidas dentro del binario mujer-hombre.

La identidad de género que cada persona experimenta de distintas formas puede o no corresponder con el sexo asignado desde su nacimiento, y la manera en la que la expresan puede no corresponder a lo que se ha preestablecido que es para mujeres u hombres.

Esto tampoco tiene que ver con la orientación sexual. Identificarse con un género y asociarlo directamente a nuestras preferencias caería entonces en la misma estandarización del “hombre con mujer” y “mujer con hombre”, idea erradicable en el contexto moderno.

Históricamente, la neutralización de un género para generalizar ha invisibilizado a las mujeres en la cotidianidad, con comentarios, escritos y el habla misma.

A través de los años y de las luchas por resaltar la importancia de las mujeres como mayoría, se ha aperturado un discurso en el que caben mujeres y hombres por igual.

Esta apertura en el trato hacia personas de género no binario ha surgido poco a poco en medios que se atreven a desafiar las reglas ortográficas que la Real Academia Española se ha tardado y que muy a regañadientes ha cedido en modificar.

Andra Milla decidió, después de todo el escándalo y división en redes sociales que su exigencia despertó, decidió publicar en su cuenta de TikTok algunos videos cortos en los que refiere el apoyo y explica lo sucedido en esa clase en línea.

Cada semestre, Andra manda correos a sus profesores, en los que contextualiza su posición e identidad no binaria y pide que le llamen “él” o “elle”.

“Me ha pasado más de una vez que los profesores no hacen nada y entonces soy yo intentando que respeten los errores. Esto es misgender”. 

La denuncia de Andra en redes sociales ha recibido críticas y comentarios muy alejados de la significativa lucha que ha decidido emprender desde su ingreso a la universidad, incluso desde el descubrimiento de su identidad.

La normalización de amenazas y comentarios respecto a lo que las personas no binarias tienen derecho de exigir, minimiza el verdadero problema intrínseco en la también llamada “generación de cemento”: una total desconsideración por los sentimientos de otras personas. La ficticia calamidad de una “falta ortográfica” por encima de cómo se autoperciben otras, otros y otres.

Si Andra, que biológicamente es mujer, no se percibe como una, ¿qué podemos hacer al respecto? Ya hasta la Real Academia de la Lengua (esa que tanto citan para desacreditar el lenguaje) nada más que respetar su identidad, el correcto uso de sus pronombres al referirnos a elle o él y enfatizar en la importancia de acatar estas nuevas formas de visibilizar a las personas no binarias.

Preguntas tan simples como “¿Cuáles son tus pronombres?” podrían deslindarnos de ese masculino que nadie preguntó si se podría utilizar para generalizar a toda la humanidad.

Una generalización que impera en lo más profundo de nuestro español “neutro” y que hoy más que nunca vale la pena cambiar, poco a poco, aunque sea un poco.


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