Las calles son nuestras: así se pinta un mural feminista en Xalapa

//Por: Mariana Herrera//

“Las calles ahora son nuestras” se alcanza a leer en la entrada del viaducto del Centro de Xalapa; los ecos de las voces de las mujeres de la ciudad se escuchan alto y fuerte, como un grito de batalla y como una herida abierta. 

Esta pinta tiene sabor a premonición. 

En una esquina, al lado de la Pinacoteca “Diego Rivera” se encuentran las jóvenes artistas, esperando. No es difícil distinguirlas, se encuentran arremolinadas en un círculo, riendo y mirando su celular por tiempos, se les nota nerviosas, pero es el nerviosismo que viene acompañado de la emoción de estar haciendo algo importante; los botes de pintura y las cajas con aerosol encuadran la imagen. 

Una ligera lluvia se hace presente; delicada y sutil, mientras la neblina se apodera de apoco de la Ciudad de las Flores y ellas esperan impacientes para hacer lo mismo. 

La idea del mural se viene trabajando desde noviembre del año pasado; las artistas han tenido que sortear distintos obstáculos desde su trabajo colaborativo hasta su inminente presencia en el ojo público; hacer frente a las críticas y los señalamientos ha sido desgastante, sin embargo aquí están; María Teresa, Oriana Ávila, Sofia Perusquia, Teresa Miranda, Andrea Lira e Ivania Smith a la sombra de un edificio que lleva el nombre de un gran muralista nacional como Rivera, pero listas para hacer su propio nombre valer, también, en nombre de muchas voces más. 

Son las 21:30 y finalmente comienzan los preparativos, Tránsito Municipal se encarga de cerrar la entrada al viaducto y las jóvenes ponen manos a la obra; trasladan su pequeño estudio al lugar que va a ser testigo y refugio de su trabajo durante el siguiente mes. 

Antes de comenzar, se reúnen en un círculo; invitan a todas las mujeres a su alrededor. 

Yadira Hidalgo, directora del Instituto Municipal de las Mujeres, sostiene una vela dorada entre sus manos. 

Entre risas y nervios se enciende la pequeña llama en medio de todas, un ritual que une a generaciones; Yadira mira a las jóvenes mujeres frente a ella y con palabras de admiración y agradecimiento deja en sus manos una tarea que no sólo las representa, sino que las cura. 

Los ojos de María, Sofía, Teresa, Andrea, Ivania y Oriana brillan de emoción, reflejando la pequeña llama de aquella vela que se siente como crece monumentalmente dentro de todas, se les ha encomendado una gran responsabilidad; el representar a las mujeres frente a ellas, a las mujeres que hablan en las paredes, a las mujeres de su pasado y a ellas mismas. 

Cierran los ojos, concentradas en un solo pensamiento, el éxito y cuidado de este proyecto, y después sueltan todas las inseguridades, dudas, problemas y ataques al fuego mientras sacuden su cuerpo entre risas y frío.

Apagan la vela juntas, pues ya no es necesaria: llevan la llama dentro de ellas. Es hora de comenzar. 

“Lo vamos a tirar” proclama Yadira, mientras todas ríen y aplauden ante aquella profecía.  

Se mueven en sincronía y un poco en caos, cada una tiene asignada una tarea, pero ponerla en marcha es más complicado durante la práctica; el primer obstáculo se hace presente, no hay electricidad en el viaducto para poder proyectar el diseño. Nerviosas, todas se mueven para tratar de solucionarlo; alguien hace una llamada, otras se mueven en busca de otras fuentes de electricidad y alguien más se plantea comenzar a trabajar a mano alzada, así pasa una hora. 

Después de todo, comenta María Teresa, este primer día era precisamente para eso, para prevenir todos los problemas logísticos que se pudieran presentar y estar preparadas para ellos en un futuro. 

Las personas a su alrededor se mueven inquietas, sobre todo los miembros de la policía municipal, observan a estas mujeres subirse y escalar cerca del viaducto para lograr su cometido, las ven dirigirse y guiarse a ellas mismas, a sus ojos lo que ven son jóvenes delicadas que podrían salir lastimadas en cualquier momento, sin embargo, aquí se encuentran mujeres decididas que logran solucionar lo que se les venga enfrente. 

Las jóvenes xalapeñas no están solas, se encuentran acompañadas de un pequeño grupo entre los que se encuentran algunos miembros de su familia, mujeres del Instituto Veracruzano de la Mujer, policía municipal y su mentora, Diana Murrieta.

Frente a un proyecto de tal magnitud, en un espacio que se ha vuelto un símbolo de la ciudad, las artistas han recibido un acompañamiento y asesoramiento de muchas mujeres que encuentran en este trabajo un poco de ellas y mucho del movimiento. 

Trabajar mural es usualmente una actividad que se cree reservada a los hombres, nos basta con mencionar la palabra para que la mente de la mayoría de los mexicanos salte a “los tres grandes” muralistas de la nación: Rivera, Orozco y Siqueiros, y frente a un reto y un espacio ocupado en su mayoría por hombres, a las artistas se les exige el doble para poder ser reconocidas por su obra, como comenta María Teresa:

“Se nos exige mucho entre mujeres; no hay ninguna otra cosa, ninguna instalación hecha por un hombre a la que se le exija tanta congruencia, tanta universalidad como lo que estamos haciendo”. 

En los últimos días a raíz de la noticia ha surgido una polémica en diversos grupos, desde la ciudadanía de Xalapa que consideran la idea algo inútil, hasta agrupaciones feministas que encontraban un mural en las mismas pintas realizadas durante la última marcha del 8 de marzo o que se sintieron desplazadas para la participación del mismo; sin embargo, las paredes aún tienen ecos y vestigios de aquellas protestas y pasarán a formar parte del mural.

A las 22:15 finalmente las artistas están listas para comenzar, se reúnen en un pequeño círculo, ya calzadas en sus monos azules, mientras reciben indicaciones de Diana para las medidas y la técnica frente a un lienzo tan grande. 

Es en este breve momento donde converge el esfuerzo y dedicación de meses de trabajo: miran atentas sus borradores, escuchan con atención, han vivido juntas este proceso de creación durante cientos de horas y finalmente están aquí para plasmar aquellas preguntas que las movieron a imaginar lo que ahora ven ante sus ojos: ¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? Y ¿a dónde vamos?

Una de ellas recuerda todo el proceso; trabajar entre mujeres, dice, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras para su arte; hay una preocupación, un respeto y una admiración por el trabajo de cada una, que a lo largo de estos seis meses han encarnado la palabra de la que hace título su colectiva “UNIDAS”

Las seis se reúnen frente a aquella pared que no se encuentra completamente en blanco; frente a ellas están las mujeres de su pasado, de su presente y su futuro. 

Aquel lienzo que carga con el dolor, el enojo y la esperanza de todas las generaciones y se encuentra en sus manos para ser una bandera y una cura. 

Se acercan ante el gigante y con una primera pincelada su batalla ha comenzado. 

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