Dormir en una antimonumenta para soñar con un estado sin feminicidios

//Por: Ana Alicia Osorio//

El aire nocturno del bulevar impacta en una figura de concreto, pintada de morado, una figura que significa mucho más allá, que es cada una de las mujeres que han sido arrebatadas, cada súplica de que nuestra amiga llegue a su casa cuando toma un taxi sola, cada lágrima derramada cuando sabemos que una desconocida fue violentada, abusada, agredida, asesinada. 

Una figura de concreto, una antimonumenta, que significa la rabia acumulada durante años ante la mirada indiferente de muchos, de todos; una figura por la que una decena de mujeres y otros pocos hombres están dispuestas y dispuestos a dormir en la intemperie, por cuidarla, por evitar que esos mismos gobiernos antes indiferentes a los feminicidios, ahora presten atención y la quiten sin importar que sea un acto de protesta. 

Fueron horas y horas para tan solo poder colocarla, horas en la que mujeres y hombres trabajaron mano a mano para dejarla lista. 

Fueron horas de gritos, de cantos, de llantos, de testimonios de primera mano, de mamás buscando a los asesinos de sus hijas. 

Pero horas después, cuando todo paró, justo cuando la brisa comenzaba a llegar, fue cuando unas cuantas mujeres tuvieron que tomar la decisión: quedarse a resguardarla. 

Las lonas que antes sirvieron como protesta, para mostrar los reproches que tenían, ahora son colocadas como una especie de techos improvisados y las mesas donde se recargaron para hacer algunas pancartas, ahora la hacen de paredes para evitar que el aire de la madrugada llegue tan fuerte a sus espaldas. 

Algunas fueron a sus casas por suéteres y regresaron a quedarse toda la noche, otras no pueden hacerlo pero regresaron con víveres para quienes estarán horas y horas en vela. 

Si logra pasar una noche, esperan que logre quedarse como un recordatorio constante de que Veracruz es un estado feminicida, pero, sobre todo, que eso debe parar. 

No son tantas, lo saben, pero esperan que su presencia disuada una posible decisión gubernamental de quitar lo que tanto trabajo les costó. No son tantas, pero están acompañadas de Claudia, de Columba, de Samara, de Ingrid, de Fabiola, de Hortencia, de todas las mujeres que ocupan un lugar en las cruces rosas que acompañan la antimonumenta, en una exigencia de justicia por sus casos. 

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