Migrar, la última opción de Amanda

Por: Alba Alemán/ Movimiento Migrante Mesoamericano

“La 72” es ahora el nuevo hogar para Amanda y sus 4 hijos; llegó a este albergue para migrantes en enero de este año huyendo de El Salvador por la violencia, la pobreza, una pandemia y hasta de su esposo que la violentaba.

Sus hijos corren en el patio y Amanda solo los mira de lejos, mientras sus manos sudan y los ojos se le cristalizan al recordar el último año de su vida.

“Mi vida no ha sido fácil, yo sufría desde chiquita, mis papás no fueron buenos, el esposo que me tocó tampoco lo ha sido, menos en el último año. Yo más bien me vine huyendo de todo, hasta de mi propia familia para poder salvar a mis hijos pequeños, y me duele, me duele mucho que no esté haciendo lo mismo con los dos mayores”, narra mientras baja la voz para que nadie más la escuche.

Su sonrisa inunda la habitación que le designaron a ella y más mujeres migrantes cada vez que alguien se acerca, y trata de disimular la plática en la que cuenta cómo fue asesinado su hermano de 20 años, el pasado mes de septiembre, y en su teléfono celular muestra las fotografías de un jovencito delgado con la cara destrozada, víctima de la disputa de territorio entre la pandilla “La 18” y la “MS-13”.

En las mismas fechas del asesinato de su hermano, su esposo los había abandonado, ella trabajaba descamando y vendiendo pescado, pero durante los últimos tres meses previos había caído en depresión, la violencia psicológica y física que su esposo ejercía sobre ella la habían orillado al alcoholismo.

Amanda tiene 35 años, el cabello rizado, los ojos oscuros, 6 hijos y los pies cansados aún por todos los kilómetros que recorrió con la esperanza de encontrar un refugio en México; mientras sube los pies a una banca recuerda su vida.

A los 8, 9, 10 años…
Es a esa edad es donde tiene algunos recuerdos, era la mayor de 5 hermanas, trabajaba limpiando casas para ganarse un poco de dinero y poder apoyar con los gastos de su familia.

A los 11, 12, 13, 14…
En sus cumpleaños nunca hubo abrazos y mucho menos regalos, pero en su onceavo aniversario su papá la despertó mientras intentaba abusar de ella, tuvo que aguantar hasta los 14 para poder contarle a alguien, quien no le creyó.

“Yo quería irme, cada vez me hacía cosas peores, empezó por tocarme los senos, luego otras cosas, yo para eso era una niña y a veces pensaba que era normal porque era mi papá. Pasó mucho y yo le dije a mi abuelita, ella no me creyó y me dijo que si yo decía algo me iban a acabar a golpes”.

15, 16, 17, 18…
A los 15 conoció a su esposo, con quien se fue a vivir, el primer año iban a la iglesia, pero poco después de que naciera su primer hijo su pareja se alejó de la cristiandad y empezó a beber todos los días.

Las discusiones eran el desayuno diario hasta que llegó el primer golpe, esa vez Amanda no sabía que pasaba, su esposo la tomó del cabello e intentó ahogarla en una tina con agua.

19, 20, 21, 22…
Desde entonces su esposo la golpeaba casi a diario, sus hijos crecieron y empezaron a trabajar porque lo que ganaba ella vendiendo pescado no alcanzaba.

Habitualmente su esposo desaparecía por unos meses, la dejaba golpeada y después regresaba, a veces con flores, otras con un cuchillo con el que la amenazaba de muerte si no lo dejaba volver.

23, 24, 25, 26…
La violencia siguió. Nunca supo dónde buscar ayuda.

27, 28, 29, 30…
“Para mí esto fue lo más fuerte, yo lo podía aguantar, pero mi hija no”, cuenta Amanda el día en el que se dio cuenta que su hija de 13 años era abusada sexualmente por su vecino, un hombre de 34 años que la amenazaba para que no dijera nada.

Amanda y su hija acudieron con las autoridades, pero les dijeron que no era delito “porque su hija lo había callado, que seguro estaba de acuerdo”.

El abuso en contra de la menor de edad llevaba perpetuándose desde un año atrás, y por eso, para las autoridades no les pareció grave.

31, 32, 33, 34, 35…
Desde 5 años atrás ella ya había pensado salir de su país, las pandillas en su colonia empezaban a merodear a su casa y a sus hijos, le preocupaba que su hijo el mayor fuera convencido por alguno de ellas y se uniera, pero pensaba en juntar más dinero para poder salir con sus 6 hijos.

En esos últimos años el alcohol fue un refugio, pasaba días enteros en su cama, recordando las palabras de su marido, quien continuaba violentándola de diferentes formas.

Fue hasta finales de octubre de 2020 cuando salió con 4 de sus 6 hijos, su hija e hijo mayor optaron por quedarse en El Salvador con sus respectivas parejas, espera que en los siguientes días puedan alcanzarla en México.

LA 72 como esperanza

El refugio para migrantes de La 72, no solo le ha brindado una cama, comida y mediamento para curar sus heridas, Amanda también lo ve como un rayito de esperanza y lugar para volver a juntar a su familia.

“La 72” es un proyecto franciscano dedicado a la atención integral de las personas migrantes y refugiadas que ingresan al sureste mexicano por la frontera de Tenosique, Tabasco. Ubicado en una de las áreas más conflictivas y peligrosas en la ruta migratoria y cerca de la línea ferroviaria que usan los migrantes para cruzar de México a los Estados Unidos.

La 72 Refugio para Migrantes y Refugiados alberga y atiende a migrantes y refugiados de Centroamérica.

Desde su fundación, el 25 de abril de 2011, la tarea fundamental es acoger, consolar, acompañar a personas vulnerables, en este caso las personas migrantes y refugiadas, tan castigadas por los sistemas extractivos vigentes.

Amanda y sus hijos se encuentran apoyados con los trámites legales para poder acceder a un asilo en México, en La 72 esperarán a que les resuelvan y de esta manera buscar una nueva vida lejos de su país.

La violencia en El Salvador

La violencia sexual es la que más enfrentan las mujeres salvadoreñas a lo largo de su ciclo de vida, según el Informe Anual sobre el Estado y Situación de Violencia contra las Mujeres en El Salvador 2019, presentado este día por El Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer- ISDEMU.

En este informe se reporta que el tipo de violencia que amenaza más frecuentemente a las mujeres en el ámbito educativo es la violencia sexual. La tasa en este caso es de 16.7 por 100 mujeres, es decir aproximadamente 1 de cada 6 la ha vivido en algún momento de su vida.

En El Salvador fueron asesinadas 386 mujeres en 2018, según datos de la Mesa Tripartita Operativa de Homologación de Cifras de Homicidio y Feminicidio. La tasa de muertes violentas de mujeres para el año 2017 fue de 13.46 por cada 100.000 mujeres y para el 2018 la misma descendió a 10.98.

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