Todo sobre el amor de princesas (o romántico)

//Por: Amarantha Chávez//

Seguramente en los últimos años has oído sobre el amor romántico, cómo lo practicamos en el día a día y lo nocivo de preservarlo en nuestras relaciones afectivas.

Mucho se ha dicho sobre la importancia de salir de este círculo impuesto por la sociedad, pero poco se sabe del surgimiento y sus transformaciones en lo social, cultural, afectivo e incluso en lo político a través del tiempo. Para poder hablar de amor romántico, es necesario saber qué es. 

¿De dónde viene el amor romántico?

Con el desarrollo de la cultura burguesa en Europa (entre los siglos XIV, XV y XVI), el amor burgués representaba que el amor y el matrimonio debían ir de la mano, y las relaciones afectivas eran estrictamente regidas por la monogamia y la heterosexualidad. 

Gloria Beatriz Chicote, profesora de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), menciona en su artículo sobre el amor cortés que este era personificado por un caballero y una dama, donde la figura masculina debía mostrar su amor de manera pública, demostrando valentía y hazañas de carácter heróico. Las mujeres no eran dueñas de su cuerpo, ni de sus prácticas ni de su independencia y eran mostradas como seres frágiles y susceptibles de protección.

Tras años de presión en busca de la igualdad entre hombres y mujeres, la modificación de costumbres fue un paso importante para la libre elección en cuanto a profesión o pareja. Con el ascenso de las mujeres en el plano educativo y laboral, se debilitaron las formas tradicionales del amor y surge el modelo de amor romántico, el cual gira en torno a que las mujeres sueñen con la figura del príncipe azul, proyectan a una mujer potenciada por el amor, con una entrega incondicional, dependiente de la figura del hombre, necesitada de su protección y afecto. 

¿A través de qué comportamientos sigue presente este modelo?

Según un proyecto de investigación del Instituto Andaluz de la Mujer, el modelo de amor romántico da lugar a una serie de mitos que suelen ser ficticios, absurdos, engañosos e irracionales:

  • Mito de la media naranja: elegimos a la pareja que teníamos predestinada de algún modo y que ha sido la única y mejor elección posible.
  • Mito de la pareja: la pareja (heterosexual) es algo que se da de manera natural y universal.
  • Mito de la exclusividad: no es posible estar enamorado/a de dos personas a la vez
  • Mito de la fidelidad: todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse únicamente con una persona, la propia pareja, si es que se ama de verdad.
  • Mito de los celos: son un signo de amor, e incluso el requisito de un verdadero amor. Suele usarse habitualmente para justificar comportamientos egoístas, injustos, represivos y violentos.
  • Mito de la equivalencia: el “amor” como sentimiento y el “enamoramiento” son equivalentes y, por tanto, si una persona deja de estar apasionadamente enamorada es porque ya no ama a su pareja.
  • Mito de la omnipotencia: “el amor lo puede todo”. Si hay verdadero amor, los obstáculos en la relación no deben influir sobre la pareja, es suficiente con el amor para enmendar todos los problemas y para justificar todas las conductas.
  • Mito del matrimonio: el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja y constituirse en la única base de la convivencia de la pareja, representada por la institución del matrimonio.
  • Mito de la pasión eterna o de la perdurabilidad: el amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación puede y debe perdurar tras años de convivencia en la pareja.

La importancia de los procesos de deconstrucción

Esta idea del amor es muy dañina, juzga y oprime toda forma de amar que no se ajuste a ella y su idealización puede afectarnos mucho.

Rechazar esto mitos es reconocer que las mujeres no somos objetos pasivos atados a una relación o que se encuentran constantemente en búsqueda de una, nos permite reivindicar la importancia de nuestras relaciones de amistad y la soltería, además de buscar otras formas de relacionarnos de manera más sana y congruente, y no como en un cuento de hadas.

Actualmente, y desde el feminismo principalmente, se busca resignificar el amor para utilizarlo como motor de cambio y comunidad. El proceso de deconstrucción suele ser largo y complejo, implica volvernos conscientes de los patrones y estructuras que nos han sido impuestas toda la vida, y transformarlos e incluso eliminarlos. 

El acompañamiento con personas en el mismo proceso de aprendizajes nos ayuda, nos da perspectiva y le da valor a cosas que antes sólo significaban soledad y tristeza. Debemos repensar nuestros conceptos de “amor”. Es hora de desmitificar, perder el miedo y aprender a ser libres.

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