Creadoras, no musas

Mariana Herrera

“Cuantas mujeres hemos sido opacadas o nos han querido aplastar por pensar que es un honor ser la musa de alguien”  la mirada fuerte de Giselle Dessavre hace juego con las palabras que brotan de ella, pero también vienen acompañadas de una ternura y una sonrisa audaz. Una audacia que nace de la realización de su propia fuerza y del poder crear algo a partir de ella. 

Históricamente el titulo de artista se ha encontrado reservado únicamente para la población masculina. La historia del arte, así como la historia en general, se ha encargado de narrar las memorias de la humanidad desde la mirada de nombres como Da Vinci, Dalí, Piccaso o Rivera. Memorias donde a la mujer le ha sido asignado el papel de observadora, de un ser inerte que cumple en esencia las mismas funciones que la utilería en una obra de teatro, y que en el mejor de los casos, sirve únicamente de fuente de inspiración para aquellos con la capacidad innata de crear.

“Cuantas mujeres hemos sido opacadas o nos han querido aplastar por pensar que es un honor ser la musa de alguien”

Giselle Dessavre

Giselle Dessavre (@giselledessavre)  Mujer. Feminista. Actriz. Artista. Creadora.

Giselle es una joven artista de 23 años, de sonrisa fácil y con el sueño de vivir de lo que ama. Desde hace poco más de un año se ha dedicado a la creación de collage como vía de expresión y de introspección, una practica, que de acuerdo con ella es un acto de intuición.

Su historia, aquella que florece de sus propias palabras, es la de una joven amante del teatro, estudiante, por un tiempo, de la Universidad de Guadalajara y después, por un tiempo también, de la Escuela Nacional de Arte Teatral en la Ciudad de México, el sueño hecho realidad. Un sueño que se vio interrumpido debido a un proceso de aborto y por el cual, ante la falta de dinero, Giselle tuvo que abandonar la escuela. Pero fue a partir de aquel momento crucial en su vida, que el impulso de crear visualmente explotó:  

«Casi siempre los temas surgen de mi misma, no me gusta hablar de temas que no me atraviesan del todo. Como esto que te digo, yo hablo mucho del aborto, porque fue algo realmente que me atravesó la vida. Al final del día, a mi me alegra mucho, me siento muy feliz de que esos temas personales al final del día le tocan a las demás personas».

De acuerdo con Ana Martínez Collado, de la Facultad de Bellas Artes, Universidad de Castilla-La Mancha, el enfoque de mujer lectora que surge en la critica feminista abrió una transformación en como se concebía la vida y las letras; pues por primera vez en la historia se le pedía a los mujeres que miraran la literatura como mujeres. 

En su libro Tendenci@s: Perspectivas feministas en el arte actual recuerda lo dicho por Carolyn Heilbrun, «Nosotros, hombres y mujeres, hemos leído todos como hombres”.

Esta declaración, que se traslado a todos los ámbitos de la sociedad, ha impulsado a las mujeres artistas a visibilizar los conflictos de su tiempo desde su propia mirada.  

Natalia Martínez ( @paydemanzanita) Mujer. Activista. Latinoamericana. Gorda.

Una mujer de melena, cuerpo y actitud rebosante. A sus treinta años es cineasta por la Universidad de Guadalajara, se dedica a las artes visuales, el performance, a la actuación, imparte clases y es directora de casting. 

A principios de la cuarentena Natalia se tropezó con un concepto que le transformo la vida: la teoría gorda: “Leerme a mi misma en palabra de otres (…) Me explotó la cabeza, como de encontrar algo que justificaba mi existencia.” 

Natalia ha sido gorda toda su vida; objeto de burlas y comentarios no pedidos sobre su cuerpo, víctima de un sistema que valora sobre todo lo demás la belleza hegemónica blanca, delgada y europea, un sistema que se rehúsa a reconocer que existe una violencia constante y sin tregua a un tipo de cuerpo especifico y que centra el foco del problema en la persona y no en la estructura que permite que exista la discriminación denominada gordofobia.

A partir de aquel descubrimiento fue que tomó una decisión. Apropiarse de aquella palabra que tanto le había hecho daño con el pasar de los años, aquella palabra que le hacía soñar con tomar un cuchillo y rebanarse el cuerpo, aquella palabra que había sido usada como bala, martillo y bomba con el objetivo de destruirla, y la hizo suya. Llamarse así misma gorda fue su primer acto activista real.

«Me explotó la cabeza, como de encontrar algo que justificaba mi existencia.” 

Natalia Martínez

Y su arte, aquel que siempre había tenido destellos de aquella revelación, comenzó a surgir más fuerte y atrevido para el mundo. Natalia comenzó a crear sus propios espacios, rodeada de mujeres víctimas de la misma violencia y que se volvieron sus compañeras, con las que publicó el Manifiesto Gordx; una declaración sobre sus personas y su postura ante el mundo. 

Se podría creer que en pleno siglo XXI las posibilidades para artistas hombres y mujeres tienen una naturaleza igualitaria en oportunidades, pero los registros del Instituto Nacional de Bellas Artes, referente mundial de la actividad artística de nuestro país, nos dicen lo contrario. De las 8 exposiciones temporales que tuvieron lugar en 2019, sólo una tuvo firma de dos autoras: Uno a uno/ Lake Verea.  La historia es bastante similar en 2018, en donde 4 de las 5 exposiciones pertenecen a un artista varón, y la restante, una exposición mixta, sólo dio lugar a 4 mujeres artistas de los 15 que estaba compuesta. 

De igual forma, las becas para «Jóvenes Creadores» que otorga el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), en los resultados de su convocatoria 2020-2021, sigue reflejando esta disparidad en algunos campos artísticos; como por ejemplo el musical, en donde únicamente 3 de los 17 becarios son mujeres, o en medios audiovisuales, donde de los 13 becarios de guion cinematográfico, 4 son sólo mujeres.

Coyolicatzin Hernández (@coyo_licatzin) Artista. Canta-autora. Silvestre.

Coyo es, en sus propias palabras, descendiente de una raza construida de maíz y amasada con el barro. Una mujer de 21 años con una voz firme y sedosa, y ojos que brillan con el ímpetu de seguir compartiendo a partir de su música. 

“Creo que es muy importante que los artistas y las artistas estemos conscientes de que no estamos desligados de estos problemas estructurales, sociales y es muy importante compartir a través del arte nuestra posición

Coyolicatzin Hernández

Hace 3 años el clima de inseguridad extrema se asentó en la comunidad de Coyo en Oaxaca, los feminicidios se volvieron noticia diaria, y para un lugar donde todo mundo conocía a su vecino, el impacto fue intenso, desconocido y desolador. A partir de aquel ambiente de miedo y furia, Coyo escribió «Llueve sangre», una denuncia publica ante el clima de violencia extrema que viven las mujeres en nuestro país. 

“Creo que es muy importante que los artistas y las artistas estemos conscientes de que no estamos desligados de estos problemas estructurales, sociales y es muy importante compartir a través del arte nuestra posición, nuestra postura porque es una manera muy bella también de poder sintetizar la esperanza, abrir las posibilidades del cambio, y también, si uno no esta consciente del dolor del otro y empatizar, no puede ser un artista”

De acuerdo con Martínez Collado, es gracias a las criticas feministas de la percepción del arte tradicional, que se pudo concebir nuevas propuestas creativas en las que la colaboración entre creadoras es posible y donde el activismo puede y debe estar presente en la concepción del proyecto artístico.

“Les artistas debemos reflejar nuestro tiempo. Creo que hay muchas maneras de hacer arte, no necesariamente arte político, pero de alguna manera si estamos creando a partir de lo que estamos viviendo, ya sea personal, en nuestra ciudad, en el mundo, en donde sea. A mi me parece muy importante que el arte toque siempre estos temas (…) puede llegar a ser un medio muy accesible para todes, creo que por mucho tiempo el arte se vio como allá los museos y donde nadie lo puede ver y nadie accede al arte. Ahora me parece que estamos muy cercanes al arte y por eso me parece muy importante hablar de esos temas desde allí, no porque sean más digerible no, sino porque justo todo lo contrario, es más potente y puede llegar a todes”

«Lo personal es político», esta consigna de Kate Millet en su libro «Política Sexual» (1969) que cambio al mundo en los setenta es una consigna que se encuentra en la esencia del trabajo de Giselle, Natalia y Coyolicatzin, tres mujeres que se desprendieron de aquel papel impuesto que les exigía únicamente ser musas, y que se dedican a tomar sus experiencias personales, aquello que les mueve, que les toca, que las hace ser quienes son, y compartirlo con el mundo a través de su arte, a través de su condición de artistas y creadoras.

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