Fabiola

//Por: Ana Alicia Osorio//

Cuando Fabiola empieza la videollamada para hablar de su experiencia como sobreviviente de feminicidio, prefiere primero explicar lo difícil que le ha sido identificarse como tal. 

Cuesta mucho trabajo asumirte como víctima, es un golpe al ego”, cuenta tras decir que es arquitecta, que tiene su empresa, su coche, su vivienda y que nadie le explicó que la violencia la puede vivir cualquier mujer. 

Tampoco nos dicen que los violentadores no son esos seres oscuros que se esconden detrás del parque”, añade para contar que jamás pensó que la persona con quien convivía, su pareja, fuera a intentar asesinarla. 


Por eso, dice, la primera vez que la secuestró toda una noche en su propio cuarto, la intentó ahorcar en repetidas ocasiones, asfixiar, la golpeó, ella no presentó una denuncia, no pidió ayuda.  No podía hacerlo si no entendía siquiera lo que pasaba.

La segunda vez, en la sala de su casa cuando ya no podía casi respirar, vio un oportunidad para huir; gritó, corrió, saltó por los tejados de las casas contiguas hasta que una vecina fue en su ayuda. 

Entonces no sintió miedo, ahí intentaba entender cómo la persona que decía quererla le podía hacer tanto daño, podía intentar matarla. 

El miedo vino después. Cuando empezaron las amenazas por mensajes, cuando uno de sus amigos le contó que él también había tomado del cuello a su propia esposa “pero solo para que se callara”, cuando descubrió que los violentadores están en todos lados, cuando vio que no llegaría la justicia

“Nunca vuelves a ser la misma”, dice. 

Fabiola Pozadas compara el intento de feminicidio que vivió con que la hubieran sacado de fondo de bikini (el territorio pacífico de Bob Esponja, bajo el mar) y ahora ella observa desde la tierra cómo viven las demás personas. Ahora ella ve todas las agresiones y violencias machistas. 

En esas violencias incluye que su denuncia solo se procese por lesiones o que le argumenten que la patrulla que la auxilió jamás registró ese servicio (y se quede así sin esa parte importante para el proceso judicial), o que le obliguen a ir a peritajes y a la Fiscalía a cada rato aunque cruzar la puerta de su casa sea imposible por los ataques de pánico. 

Ese daño psicológico que le causó la agresión ha hecho que no pueda volver a trabajar (por eso una indemnización es importante para ella), perder algunas personas de su familia y amistades le digan que se “victimiza” y una vida como la que nunca esperó tener que vivir

“Me cambió la vida para siempre y por completo”, repite una y otra vez, mientras está sentada en la sala de su casa, donde su pareja intentó matarla y la pantalla de la videollamada muestra su rostro tras haber llorado. 

Al día siguiente escribe un mensaje, uno de esos que necesitan mucho valor. 

“Hay algo muy importante que no mencioné en la entrevista, el nombre de mi agresor: Miguel Ángel Pérez Santander. Creo que es la parte más importante porque nosotras las sobrevivientes tenemos que volver a aprender a vivir mientras nuestros agresores continúan viviendo una vida normal a costa de nuestro silencio


El Inmujeres es el organismo encargado de que todas las dependencias tengan perspectiva de género y tiene un directorio de instituciones en esta liga

Si quieres leer más acerca de las sobrevivientes de feminicidio, visita este link

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