De este lado por favor

En la voz de Penny Ramírez

Me cuesta trabajo escribir estás líneas en tiempo de contingencia sanitaria, la mente está revuelta y preocupada, siempre hemos sabido que el ser fotoperiodistas nos coloca al frente de la historia, pero también al frente de la línea de batalla. Somos de esas que no podemos quedarnos en casa, porque de alguna manera al ser llamado un trabajo escencial se reivindica nuestra profesión.

Esta vez me presentaré, como la fotógrafa feminista que soy, me llamo Verónica, mejor conocida como Penny y por unos escasos días, tengo 28 años.

Terminé la licenciatura de Periodismo allá por 2014 y un año más tarde hice la especialidad en fotoperiodismo, desde la primera clase universitaria hasta el día de hoy mi principal objetivo es contar historias.

Paralelo al trabajo que realizo en la agencia ObturadorMx como co editora, doy acompañamiento a madres, esposas, hermanas e hijas que buscan incansablemente a sus familiares a esos que un día ya no regresaron a casa. La defensa de los derechos humanos es también una de las pocas formas que tengo de existir.

Dentro del medio decidí asumirme como fotógtafa feminista, si así con el apellido, por qué son dos cosas que deben ir de la mano, porque nos obliga a cambiar la mirada, nos obligan a cambiar el discurso, nos obliga a ser congruente entre el pensar, el actuar y lo que capturas a cada foto. Te genera esa necesidad de mostrarle al mundo la versión más empoderada e integra de las mujeres de nuestro acontecer diario.

Porque el apellido también me obliga a pelear en el día a día por un entorno mejor, no solo para mí y mis compañeras, para las generaciones venideras, lo que no fue para mí que sea para ellas, porque está como muchas otras es una profesión profundamente machista, en la que quieren hacernos sentir como visitantes o privilegiadas por ser de las pocas que han hecho frente al acoso, violencia y discriminación y aquí están, existimos porque resistimos. Ellas las que vienen se merecen ser vistas sí y solo sí por su talento y profesionalismo.

También el apellido me ha ayudado a verme más humana, pues existe esta regla no escrita que te impide que aflorem los sentimientos en las coberturas, parece que ser fotógrafa te obliga a olvidarte de ser persona y no es así, la fortaleza también es limpiarse las lágrimas y volver a levantar la cámara.

La foto me ha salvado de mi misma más de una vez y poco o mucho que pueda contar de mi está soy yo y aquí estoy.

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