Caldero Feminista

En la opinión de Colectivo Akelarre

Por : Donají Martínez Reyes

Juntas y organizadas contra el patriarcado

“Lo personal es político”, frase que me hizo ruido desde que me introduje en el feminismo, pero que no dimensioné sino hasta que en mi práctica como psicoterapeuta y sexóloga me percaté, a través de cada uno de los casos de mis pacientas, que su vida privada, la forma en que viven su sexualidad y sus relaciones; están permeadas por todo un sistema político donde los hombres tienen supremacía. No es diferente en los grupos donde doy pláticas y talleres de sexualidad: en presencia de hombres, ellas se invisibilizan, no preguntan y se quedan con dudas; ellos hacen chistes, preguntan, asienten como diciendo “eso yo lo sé”.

La sexualidad es política, es propia de la lucha contra la opresión y del proyecto de emancipación de las mujeres; esto ya lo tenían claro las feministas de la década de los sesenta con la llamada revolución sexual. Cuestionaron la doble moral sexual y expresaron su descontento ante una vida sexual insatisfactoria, reclamando su derecho al placer y desligando la sexualidad de la reproducción. Sin embargo, no se ha avanzado mucho al respecto, pero ¿por qué? Uno de los factores es que las mujeres que empezaron a vivir un poco más libremente su sexualidad fueron reducidas al papel de chicas alegres a quienes no se les toma en serio; además de que el mercado capitalista, en su pose de ser progresista, hipersexualizó y mercantilizó el cuerpo de las mujeres sólo para el disfrute masculino, pero haciendo creer que la libertad y decisión era plenamente de ellas. Al final, el poder siguió siendo de los hombres a través de su derecho a tener libre acceso al cuerpo de las mujeres, consumiéndolo prácticamente hasta en la sopa.

Y es que a cada paso que damos contra el patriarcado, este nos pone trampas, evoluciona y busca nuevas formas de ejercer opresión. Miremos un ejemplo, poco a poco hemos tratado de hacer consciente que valorar negativamente nuestro cuerpo sólo ha servido para maltratarnos y para malgastar nuestro tiempo y dinero en busca de la aprobación masculina; ahora lo que buscamos es procurar nuestro cuerpo como un acto de autocuidado y demostración de amor hacia nosotras. Entonces el discurso mercadológico cada vez va menos hacia que nos veamos guapas para gustarle a los hombres, y más hacia que nos cuidemos y procuremos en pos de nuestro empoderamiento; y en esta palabra está la trampa (sin considerar que entramos en el juego de alimentar al capitalismo del cual los hombres son los dueños) porque no siempre se entiende este proceso como interno-colectivo, sino como un acto individualista donde valemos más por tener “poder” (el cual es ilusorio). Entonces la competencia y rivalidad entre nosotras se impone. 

Por ello, hoy más que nunca es necesario seguir tejiendo redes entre mujeres, teniendo siempre en perspectiva que el sistema patriarcal va adoptando y adaptando estrategias para envolvernos con sus discursos engañosos. Juntas y organizadas haremos frente a sus embustes. Juntas y organizadas lo vamos a tirar.

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