De este lado por favor

En la voz de Penny Ramírez

Continuaré presentando a las fotógrafas que engrandecen las páginas de los diarios nacionales, pero creo que es un momento importante para hacer una pausa y hablar de qué pasa con nosotras ante los temas tan dolorosos e indignantes como los feminicidios de Ingrid y Fátima. El cómo desde el lado de la fotografía abordamos estos temas y cómo mella en nuestra salud emocional.

Vivimos por y para la noticia, es nuestra materia prima de trabajo y cada día se vuelve más extenuante saber que una más de nosotras fue asesinada, que los medios formamos parte de la cadena de revictimización y que las movilizaciones parecen ser insuficientes. 

Cómo fotografas, como feministas, como mujeres, se nos llena el cuerpo de miedo, dolor y rabia. La mente está cansada de sobrellevar las impunidad, estamos hartas que ni muertas nos libremos de la violencia patriarcal, porque al parecer en este país no te asesinan, te mueres por puta, porque hasta de eso somos responsables.

Durante los proceso de protestas hemos tenido que reeducarnos y reorganizarnos, pues si bien poco a poco hemos logrado que las coberturas le sean asignadas solo a mujeres, esa sensación en el pecho que no basta solo con hacer fotografías, quisiéramos estar del otro lado de la lente, gritando, rayando, quemándolo todo por nuestras amigas, hermanas o compañeras que ya no están. Hay un dejo siempre de frustración.

Tenemos que además sobrellevar la opinión de los compañeros, que al ser excluidos de la cobertura de manera amable o a base de pintura, les es difícil comprender que por primera vez tenemos el control absoluto. Tenemos que lidiar con que nos hacen responsables de su bienestar, porque suponen que es nuestro deber es procurar que puedan hacer fotos de una marcha que desde mucho se sabe que es separatista.

Estamos tristes, estamos enojadas, estamos cansadas, pero no estamos solas, porque entendimos que el autocuidado es hacer redes con personas que están pasando lo mismo que tú y aunque no podemos darnos una solución la una a la otra, siempre las muestras de sororidad son un apapacho para el alma, una mano que nos ayuda a seguir adelante y levantando la cámara, porque está siempre será nuestra arma y nuestra defensa.

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