La otra cara de la búsqueda

//Por: Ana Alicia Osorio// 

Una cumbia suena y uno de los reporteros que acompaña la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos no duda en sacar a una de las integrantes a bailar. 

Pronto muchas lucen sus pasos a medio salón, tanto que las mesas donde les dieron de cenar las voluntarias religiosas de Atitaquila en Hidalgo, deben moverse para hacer espacio.

Los aplausos y el “eh – eh-eh” pasan de la cumbia, a la víbora de la mar, al no rompas más que solo saben bailar las y los mexicanos. Ellas bailan, muchas con las fotos de sus seres queridos colgadas en el pecho, muy cerquita de su corazón. 

A algunas se les olvidan los golpes que traen en las rodillas producto del viaje, o las ampollas que se les reventaron en las manos por cargar maletas entre hoteles y albergues. 

Por unos minutos logran distraerse del dolor físico y emocional que sienten, del cansancio de la semana de viaje. Pero la felicidad es efímera y cuando se despiden del sacerdote para irse a dormir al refugio, éste les cuenta de un hondureño que no se ha comunicado con su familia y se niega a hacerlo. 

Así es siempre. Los minutos de aparente felicidad en el camión en que viajan las 30 mujeres son interrumpidos por una voz que les cuenta el avance de la Caravana Migrante, un muerto más intentando llegar a México, la necesidad de bajarse a alzar la voz; pero ellas saben que para eso cruzan el país: para buscar. 

Para ellas el llanto de contar las historias de su ser querido, se entrecruza con la risa al narrar como alguna se quedó encerrada en el baño del hotel en Frontera Comalapa. 

La rabia y el dolor que les produce saber de cómo se atiende a las personas que buscan entrar a México, se entrecruza con la felicidad y esperanza que les da saber que alguna de ellas ya encontró a su familiar. 

El cansancio y el dolor físico del viaje, lo hace con las risas que provocan las palabras regionales de cada país. 

Así pasan las horas, los días, los kilómetros, mientras en cada lugar que llegan muestran las imágenes de sus seres queridos y de cientos más cuya familia no pudo viajar, esperando obtener una pista que los lleve a algún día no tener que viajar buscando.

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