Veracruzanas que luchan

//Por: Ana Alicia Osorio//

En un estado donde asesinaron a cuatro mujeres por semana el año pasado, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, hay un sin número de mujeres que luchan por sus derechos y lograr la igualdad entre hombres y mujeres.

En ese Veracruz, donde el Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres, registró 30 desapariciones de mujeres y niñas y 11 asesinatos de mujeres (siete con características de feminicidios) en el mes de enero.

Allí, ellas han dado una batalla incansable al sistema gubernamental, a las prácticas de revictimización, a la falta de estadísticas oficiales que reflejen la situación que viven las mujeres.Lucy, la lucha por encontrarles 

Su lucha la comenzó por azares del destino. Porque un día, como el que nadie desea, unos desconocidos se llevaron a su hijo del que hasta ahora no ha vuelto a saber.

La desaparición de Luis Guillermo Lagunes Díaz, cambió la vida de Lucía de los Ángeles Díaz Genao; una mujer aguerrida que se ha convertido en uno de los rostros visibles de la búsqueda que hacen cientos de mujeres, madres, hijas, hermanas, en un estado donde la cantidad de personas desaparecidas no se puede contabilizar (ante la opacidad de las cifras oficiales).

El 28 de junio del 2013 comenzó su paso por los Ministerios Públicos, autoridades estatales y federales. Un camino que la ha llevado a estudiar, a medallas y reconocimientos, a la Corte Internacional de La Haya. Que la ha llevado a formar el colectivo que encontró el cementerio clandestino con más cuerpos del que se tenga registro en el país.

Ella misma cuenta que al inicio, en medio de la ola de desapariciones que se vivía en el estado, la tristeza provocada por la ausencia de su hijo era tan grande que no podía pararse, moverse, que buscar le costaba trabajo.

“Al principio era tan terrible la depresión que yo tenía, yo estuve muy mal, busqué y aún en mi peor día yo buscaba a mi hijo, yo me tiraba al suelo y entonces yo en la oscuridad decía ‘qué quiero, pues yo quiero volver a ver la luz’”, contó en una entrevista hace un par de meses.

Esa luz, ese sol, fue la imagen que retomaron para crear el Colectivo Solecito. Uno de los más de una decena en Veracruz, donde mujeres – y algunos hombres- luchan por regresar a las personas desaparecidas a casa. Luchan contra la injusticia, contra la indiferencia, contra las leyes, contra la inseguridad, contra su propio dolor.

“Las Solecitas tenemos una red de verdad sorprendente, porque el Solecito es una sororidad, son hermanas en el mismo dolor”, señaló Lucía.

Estela, la academia en acción 

¿Cuántas mujeres son asesinadas en Veracruz? ¿Por qué no lo sabemos?, fueron las preguntas que Estela Casados González y colegas se hicieron desde las aulas de la Universidad Veracruzana.

Entonces comenzaron a contar caso por caso de homicidios, feminicidios y desapariciones de mujeres; revisando periódicos, portales y todos los medios de comunicación.

Feminista por convicción ha encontrado en las redes y colectivos la fortaleza para emprender la lucha en búsqueda de la igualdad entre mujeres y hombres.

Desde muy joven conoció de primera mano las desigualdades pero también los logros que las mujeres pueden tener con su organización, cuando realizó su tesis de su licenciatura con mujeres rurales en el Cofre de Perote y vivió en la zona de los Tuxtlas.

“Por situaciones personales y de trabajo me llevan a vivir en el medio rural en Los Tuxtlas y ahí es donde me involucro en una serie de actividades de organizaciones impulsadas por mujeres campesinas y descubro la manera en que las mujeres empiezan a trabajar en torno a sus derechos”, narró.

Regresó a las aulas, ahora a formar a estudiantes en antropología social; mientras seguía estudiando, conociendo y publicando sobre la situación que se vive en la entidad.

“No sabíamos cual era el estado que guardábamos en el tema de las violencias hacia las mujeres (…) después de pensarlo mucho empezamos a hacer un monitoreo de medios de comunicación para saber de qué iba el asunto, cómo las mujeres estaban padeciendo las violencias”, contó sobre aquel 2014 cuando surgió un Proyecto de la Facultad de Antropología, que después creció y se convirtió en un Observatorio de Violencias contra las Mujeres.

Esos datos que recopilan con un método estructurado formaron parte de un informe para pedir que se declarara a Veracruz en emergencia, con la Alerta de Violencia de Género.

Esas cifras e historias que se recopilan desde las aulas se convertirán en un “informe sombra” o un contraste de los datos oficiales para visibilizar el problema que enfrentan las mujeres en la entidad.

“El impacto es de gran esperanza pero también de gran tristeza (…) ver todo el horror que implica la gran pandemia del siglo XXI que es la violencia contra las mujeres. No es posible tocar el tema de las mujeres sin ser tocada por toda la violencia, por todo el horror que implica ser mujer”.

Araceli, una vida en activismo 

Prevención del VIH, mujeres que deciden interrumpir su embarazo, familiares de mujeres asesinadas y muchas más, han sido apoyadas por Araceli González Saavedra.

Ella encontró en ayudar a las otras su pasión. En luchar por la igualdad en leyes y derechos una de las razones de levantarse día a día.

La organización que conforma junto con otras mujeres, Equifonía, fue la que pidió y logró las dos Alertas de Violencia de Género en Veracruz: la primera por violencia feminicida y la segunda por las leyes que vulneran los derechos sexuales de las mujeres.

“Estaba estudiando en la facultad de Piscología cuando me invitan a participar en un taller de una organización que estaba iniciando su trabajo en la región, Xochiquetzal (…) nos incorporamos a hacer trabajo voluntario en un proyecto de prevención del VIH, a partir de este trabajo voluntario hago mi servicio social y me invitan a formarme en feminismo”, contó como sus inicios, hace años, en el activismo.

Tras reuniones y pláticas sobre el feminismo el tema que más ha abordado ha  sido el acceso al aborto seguro, primero en Xochiquetzal y desde hace 10 años en la organización que fundó en compañía de otras mujeres, Equifonía.

Su lucha ha marcado su vida diaria tanto que aunque no busca formar a su hija de 12 años como feminista, ella ha retomado muchos de los conocimientos e ideales que Araceli tiene.

“Yo jamás le he dicho hija tienes que creer en esto, o tienes que pensar esto; sin embargo recientemente ella organizó un debate en su escuela del  aborto como un derecho, entonces me lo contaba y de verdad que yo así muy conmovida porque mi hija ha tomado consciencia de lo que implica (…) ella está en contra de la homofobia, es algo que no comprendía y ahora es algo que ha estado reflexionado”, narró.

Su día a día es acelerado. Acompañamientos de casos, incidencia política, reuniones, cursos, conferencias, viajes, todo forma parte del trabajo que hace por y para las mujeres.

“Crecimos sabiendo que lo que siembras cosechas; en el campo, sabiendo que si quieres cosechar papa debes sembrar papa, que si quieres cosechar maíz debes cuidar la milpa, (…) para mi no puede haber otra manera de trabajar más que con un compromiso claro y en este caso mi compromiso es con las mujeres”

Ellas son solo algunas, de las muchas veracruzanas que luchan por las mujeres, por la igualdad, por la justicia, por causas diversas. Que luchan por vivir y sobrevivir en el día a día.

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