Programa contra acoso en transporte público: un fracaso

ARLET  MONTEJO

En el país, el 23.3 por ciento de las mujeres mayores de 15 años sufrieron algún tipo de violencia en el ambiente comunitario, es decir, calles, parques, jardines, transporte público, iglesias, entre otras zonas, siendo la violencia de tipo sexual la más común, de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016.

“Un día miércoles, como eso de las siete de la mañana abordé un taxi para llevar a mi bebé a la consulta, se me hizo fácil por rapidez subirme en la parte del copiloto, en el trayecto empecé a notar movimientos extraños e inusuales al ir conduciendo, sentí temor y a la vez me armé de valor y decidí voltear; en eso vi que el taxista cada vez que me observaba, se iba masturbando. Me dio tanto asco que le exigí que se detuviera, no me hacía caso y seguía en lo suyo.

“Envolví a mi bebé y lo protegí con la pañalera e hice intento de abrir la puerta y le dije ‘o se detiene o me aviento’, y se lo repetí una vez más, él se detuvo y de inmediato me bajé; el muy infeliz huyó como una rata, ni siquiera me dio tiempo con los nervios de ver el número”

Alejandra

Su acoso sucedió en la colonia Carranza del municipio de Boca del Río.

Explicó que un elemento de Tránsito le dijo que debía ir a la estación y llevar el número de la unidad, el cual, entre el temor de que algo más sucediera y la necesidad de ponerse a salvo junto a su pequeño, no vio.

De este hecho no hay denuncia.

En noviembre de 2015 se dio a conocer la implementación del programa “Mujer Segura”, que tenía como objetivo garantizar que las unidades de transporte público sean seguras para el transitar diario de las mujeres; tanto camiones urbanos y taxis deberían tener a la vista anuncios que incluirían el nombre del programa, los números y direcciones donde se debe acudir a denunciar -las autoridades así lo mostraron al ponerlo en marcha-, sin embargo la realidad es otra.

Al llegar a la estación la atendieron pero para levantar la denuncia le pedían el número de la unidad y por no tener este dato no pudo haber una queja.

El Instituto Veracruzano de las Mujeres, en su apartado de publicaciones tiene un archivo en PDF llamado “¿Cómo actuar en caso de violencia?” donde se explica cómo se puede realizar este procedimiento en caso de ser víctima de algún delito de índole sexual.

“Los delitos sexuales no requieren la presencia de testigos (…) es indispensable que la persona violada señale al presunto agresor y que sostenga la acusación. En caso de que nunca haya visto al agresor o agresores sexuales es indispensable hacer su retrato hablado”.

Pero eso no le fue notificado a Alejandra, además, aseguró que fueron déspotas al atenderla.

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Esta historia se repite a diario en alguno de los 212 municipios de Estado y las afectadas no saben qué hacer, a quién recurrir o si quiera si las tomarán enserio por denunciar este tipo de violencia.

De acuerdo con el documento completo del “Programa Estatal Mujer Segura en el Transporte y Espacios Públicos” se tiene garantizada la prevención, atención y acceso a la justicia, además de “brindar los servicios de atención psicológicos, médicos, jurídicos con calidad y calidez de manera expedita y con la debida diligencia”.

Uno de sus objetivos específicos es: “implementar los mecanismos judiciales y administrativos necesarios, de manera pronta, expedita y con la debida diligencia para asistir, representar y acompañar a las mujeres y niñas víctimas de violencia sexual ocurrida en el transporte y espacios públicos”.

Sin embargo, las mujeres no conocen este programa debido a la falta de promoción.

La promotora de derechos de la mujer, Verónica Ceballos Palacios, aseguró que este programa no funciona debido a que no se enfoca en el tema de prevención y sólo lo hace en atender a las víctimas.

“Solamente es mera difusión de información en carteles pegados en los autobuses, a mi forma de verlo, no es un programa, no es un plan, no es una estrategia, parece una simple acción aislada, que no tiene forma de medirse, ni de controlarse, ni nada”, sentenció.

Ceballos Palacios señaló que hay nula difusión, no hay campañas de sensibilización y lo más preocupante, no se contemplan sanciones para los agresores.

De acuerdo a información publicada por el Instituto Veracruzano de las Mujeres el pasado 22 de septiembre del año en curso, a la fecha solo se han capacitado a 175 servidores públicos en el estado en ese programa, sin embargo no menciona si los operadores del transporte o dueños de concesiones también reciben cursos.

Lucero contó que en un autobús de la ruta Comercial Mexicana que tomaba a diario para ir a la universidad vivió su primer acoso sexual, cuando un hombre se sentó a su lado y comenzó a tocarse.

“Lo observaba y el mantenía la mirada fija al frente, no me miraba pero se veía extraño. Me dio pena verlo tan fijamente por lo que comencé a observarlo de reojo y pude ver que tenía su mano derecha entre las piernas, sin moverse. Intenté no hacer caso y seguir con mi música; cuando de pronto sentí que comenzó a moverse de nuevo. Cuando giré a verlo, noté que con su mano en la entrepierna se frotaba su miembro y al mismo tiempo daba brinquitos como si estuviera teniendo un orgasmo.

“Lo primero que pensé fue en ‘¡¿qué está haciendo?!’ (…) Pese a que lo miraba fijamente, el sujeto no dejaba de hacerlo sin dejar de mirar hacia el frente”.

Dijo que ninguna persona a su alrededor hizo algo o pareció notar este hecho. Logró bajar de la unidad y por pena nunca contó lo sucedido a nadie.

Cifras de la ENDIREH 2016 indican que a  nivel nacional el 13.2 por ciento de mujeres han sufrido violencia en un autobús y 5.3 por ciento han sido agredidas por algún conductor de transporte público.

Ceballos Palacios recordó que el programa se puso en marcha durante la administración de Javier Duarte de Ochoa y solo consistió en colocar carteles con números para denuncia pero no se ha explicado detalladamente en qué consiste.

Añadió que en días pasados se anunció que esta administración retomaría el programa, sin embargo no ha habido anuncio alguno de fechas ni las acciones a realizar.

El programa -que puede ser consultado en línea directamente en la página del Instituto Veracruzano de las Mujeres- habla de implementar acciones y mecanismos para prevenir la violencia, sin embargo no se nombra ninguna acción en concreto.

Tanto Alejandra como Lucero fueron abusadas sexualmente, la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave en el capítulo I, en su artículo 7, define la violencia sexual como:

“Las expresiones lascivas, el hostigamiento sexual, la violación, los tocamientos libidinosos sin consentimiento o la degradación de las mujeres en los medios de comunicación como objeto sexual”.

Lucero recordó que a pesar de haber recibido anteriormente piropos -también considerados acoso sexual- nunca se sintió tan “humillada” como esa ocasión en el Comercial Mexicana, a partir de ese momento comenzó a culpabilizarse de lo sucedido e incluso cambió su forma de vestir pensando que el acoso no volvería a suceder.

“No fue hasta años más tarde que entendí que ser mujer y nuestro modo de vestir no es motivo para soportar tales agresiones”, sentenció.

 

 

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