El miedo que no debiera existir

ANA ALICIA OSORIO

Todos los días, antes de salir del trabajo, llamo a mis papás para que vayan por mi a la parada del camión. No quiero caminar sola más de un kilómetro hasta mi casa.

Ellos ya saben que cuando reciben mi llamada deben alcanzarme porque me da miedo. Está muy solo, oscuro y hay camiones de carga estacionados por lo que no se ve hacia las banquetas.

Da miedo. Suele haber hombres mayores que no conozco y solo te observan, hay pocas personas más.

El otro día una camioneta se encontraba estacionada y salió a toda velocidad hacia donde yo caminaba, pero cuando me alcanzó ya había llegado a donde estaba mi papá esperándome. No dije nada porque dirían que exagero, pero no es normal que una camioneta mal estacionada salga rápido de repente.

No soy la única, a muchas otras las van a buscar todos los días a la misma parada. Muchas son del bachillerato y cuando se bajan del camión caminan hacia su mamá o papá. A mi me iban a buscar desde que iba en esa prepa. Otras llevan uniformes de su trabajo o van vestidas de civil. Todas esperan no andar solas por ese camino.

Una vez me tocó caminar hasta mi casa sola y lo peor son las primeras cuadras donde está en penumbras y solo alcanzas a ver algunas personas moverse, es una zona de bodegas. Casi corrí para llegar a donde hay un poco de luz.

Mientras caminaba era imposible no sentir las miradas de los señores que siempre están ahí. No quise voltear a verlos, pero sentía sus miradas extrañas, sin decir nada, pero sin dejar de verme. Me puse nerviosa.

Sabía que si algo me pasaba nadie hubiera podido intervenir, por lo que solo atiné a apretar el paso, caminar más y más rápido para intentar ponerme a salvo.

Mi esperanza era que no me pasara nada porque me llevo con algunos de los chavos de esa colonia que a veces andan por ahí. No porque sean buena onda con todas, más bien porque me conocen desde hace mucho.

Hay otra forma de llegar a mi casa, pero allá tampoco camino sola, ahí también está oscuro. Sí pasan personas pero está igual de oscuro.

Hace tiempo dijeron que a una chava la atacaron ahí pero nunca se supo bien y se quedó como chisme, pero sí lo creo porque está muy feo. Imagínate el miedo de pasar por donde según jalaron a una vecina y la metieron al monte.

Como mujer tienes más posibilidad de que te asalten porque ven a una mujer sola y se les hace más fácil. O hagan algo peor. ¿ Y quién te ayuda en la calle?

Ella es Adela*.

 

Como ella, muchas mujeres tienen miedo de caminar por las calles y ser víctimas de un delito sexual o un robo y muchas han tenido que tomar algunas “previsiones” para sentirse un poco más seguras en el espacio público.

 

En ocasiones en mi trabajo nos toca el turno nocturno y en ese horario está oscuro y muchas luminarias no están encendidas, siempre le tengo que pedir a un compañero que me acompañe para no caminar sola.

Como acción personal traigo gas pimienta por cualquier situación, al menos para distraerlo y poder salir corriendo.

Creo que tienen que poner más luces en las avenidas y más vigilancia porque por donde me toca pasar no hay.

Ella es Nancy.

 

 

Cuando camino de noche en un lugar solo, le hablo por teléfono a amigos cercanos, así siento que alguien sabe por donde voy si algo me pasa.

Me hice a la idea de que si alguien me quiere atacar sabe que rápido se van a enterar de lo que pasa y pueden llamar a la policía, por lo que creo que así se reduce el riesgo. No lo sé, sólo lo creo.

Si veo chavos u hombres caminar o parados y se me quedan mirando, volteo a otro lado y enseguida se lo digo a la persona con la que hablo.

A veces entre caminar rápido y hablar, el aire se me va y termino hablando en un hilo de voz. ¿O será acaso cuando el lugar está más oscuro o más solo y el miedo aumenta? ¿O será acaso cuando me doy cuenta que hablar por teléfono no serviría de nada?

Esa “técnica”  para sentirme un poco más segura la intenté desde el día que me asaltaron. Antes usaba otras.

Ese día apenas oscurecía, me bajé en la parada de camión a donde llegaba todos los días un poco más tarde y cuando me di cuenta dos hombres me estaban jalando. Al final “solo” se llevaron mi bolsa, pero en los segundos que pasaron entre el ataque y que salieron corriendo me quedé “helada” al darme cuenta de lo vulnerable que estaba, que no había nadie, que aunque grité ningún automovilista se detuvo a ayudarme, que si hubieran querido atacarme sexualmente lo hubieran podido hacer.

Siempre ha habido momentos incómodos o de temor al caminar por las calles. Por eso cuando tenía que caminar sola de noche, lo hacía más rápido que en un maratón y nunca volteaba a ver a los hombres junto a los que debía pasar, menos cuando estaban en grupo. Ya ni decir cuando esos hombres comenzaban a gritar algunos calificativos sobre mi físico.

Muchas mujeres evitan los lugares oscuros aunque tengan que dar vueltas enormes o algunas no salen de noche. Pero a veces no se pueden evitar. Debes hacerlo aunque te dé miedo.

Pero el problema no es solo de noche, a veces en el día también me toca buscar hacia donde sería mejor correr, me toca bajar la cabeza y hacer como que nada pasa o me toca sentir el palpitar del corazón acelerado, en mi caso, signo inequívoco de miedo.

¿Se imaginan el miedo que siente una estudiante de bachillerato cuando son policías quienes te gritan esas agresiones sexuales que suelen llamar piropos? ¿Se imagen el temor que siente cuando junto a ella abren la puerta de la patrulla mientras avanzan lento? Yo sí. Hace algunos años a plena luz de día, un día cualquiera, dos elementos de esos que debieran garantizar la seguridad, fueron quienes decidieron acosarme cuando iba hacia la escuela, a sabiendas de que me podrían hacer lo que quisieran ¿Quién los iba a detener?

Ese sentimiento revive cada vez que algún carro se detiene o avanza lento para según ofrecerme el aventón. Eso no es raro, a muchas mujeres nos ha pasado. ¿Qué hago? Caminar al lado contrario del sentido de la calle, sin importar que me aleje un poco de mi destino.

Yo soy Ana.

 

Ellas temen ser parte de las víctimas de abuso sexual, acoso o violaciones, que año con año suman cientos en todo el estado.

Las palabras lascivas, los “piropos” o acoso callejero y algunos otros actos que realizan algunos hombres con los que se encuentran en la calle, aumentan ese miedo.

No lo debieran sentir, pues tienen derecho de hacer sus actividades cotidianas sin vivir con miedo por el solo hecho de ser mujer.

mujeres calle.001

 

Durante el año pasado en el estado de Veracruz se denunciaron 620 delitos sexuales entre violación, estupro y “otros” que reporta el Sistema Nacional de Seguridad Pública. En enero y febrero por los mismos delitos se recibieron 190 denuncias.

El año pasado en México se denunciaron 31 mil 355, según ese documento, mientras que éste se han denunciado 4 mil 602.

Sin embargo, el Instituto Nacional de Geografía Estadística e Informática calculó el año 2016, que poco más del 93 por ciento de los ilícitos no son denunciados, por lo que la cantidad de víctimas de delitos sexuales podría ser mucho mayor.

Belém Palmeros Exsome, directora del Instituto Municipal de las Mujeres en Veracruz considera que delitos como el acoso sexual no son denunciados por factores como el desconocimiento de la ley. Muchas activistas concuerdan con ella.

 

Ha habido ocasiones en las que me he sentido incómoda porque si en alguna ocasión uso una falda o una ropa un poco corta, siempre hay alguien que se te queda viendo mucho o te dice alguna tontería.

Trato de hacer como que no me doy cuenta, o trato de cubrirme con mi bolsa, cubrirme un poco para no sentirme tan incómoda. Eso si estoy en un lugar donde no me puedo retirar, si me puedo retirar pues mejor me retiro a algún otro lado. A veces les puedo decir que qué les pasa, pero a veces, porque me da miedo su reacción.

Eso cuando suelo utilizar alguna ropa corta, que por lo regular no lo uso mucho por lo mismo, porque sé que al usarla va a suceder algo así. Y

las veces que me llego a poner una ropa corta es cuando pasa eso.

Hace falta hacer ver a las demás personas lo que sentimos nosotras las mujeres en estas situaciones.

Ella es Mayte*

 

En el transporte público de 10 veces que tomo el camión quizá ocho son las veces que me siento como observada, como acosada o incluso intimidada por alguien masculino. No falta el adulto o el señor grandecito, madurito, o bien un joven que hace ese tipo de acciones, o el mismo chofer que te dice que pásele que a las guapas no les cobramos.

Me siento ofendida debido a que las miradas no son correctas, son en el sentido de morbo. También hay ciertos movimientos que te llegan a incomodar y aparte de ser incómodo es molesto y se siente uno acosado porque se aproximan a ti, te genera peligro, te genera un sin fin de emociones, emociones incluso de frustración por no poder hacer nada en contra de esa persona.

Lo que hago es separarme totalmente de la persona, si voy en el transporte procuro ponerme de pie o retirarme de donde está o también como una manera de manifestar mi molestia es un “oye qué te pasa”,  pero me da miedo porque sé que quizá pueda tener otra reacción.

Ella es Alma

Ellas son como cualquiera de las mujeres que en algún momento han sentido miedo al caminar por la calle. Miedo que nunca debió tener motivos para existir.

 

 

*Sus nombres fueron cambiados para este texto.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s